viernes, 11 de marzo de 2011

¿Las tentaciones de Cristo, victoria para el hombre de hoy?

La cuaresma fue vista por nuestros cristianos como un tiempo de privaciones y sacrificios más o menos impuestos, un “tiempo carente de…” de música, fiestas, televisión y además con unos ritos que más que de vida y esperanza, sonaban como de muerte y de abandono, y sobre todo, ritos familiares que más que ayudar a una verdadera conversión nos llevaban a ocultar el rostro y a hacernos creer que éramos verdaderos cristianos. Todavía tenemos hoy los días de “ayuno” y “abstinencia” convertidos en verdaderos banquetes significados en México con las famosas “siete cazuelas” de los viernes de cuaresma. Hoy a ese “tiempo carente de…” tenemos que oponer un tiempo lleno de gracia, de bendición, de compasión, de perdón y de salvación. Cuaresma tiene que ser este año, según el Papa Benedicto XVI un tiempo en que podremos reafirmar el Bautismo que se nos ha dado como don, y un tiempo de acercamiento y de encuentro con Cristo para dejarnos acompañar por él en nuestro camino de salvación y de perdón, pasando por un tiempo de conversión hasta abrazarnos con Cristo a su Cruz, para poder gozar ya desde ahora de esa vida nueva que está ofreciendo y que nos acerca definitivamente a su propia resurrección.
Al hombre de hoy le falta ese dejarse guiar por el Espíritu de Jesús al desierto, al silencio, a la soledad, para encontrarse consigo mismo, con el propio rostro para pensar en su destino, en su futuro, en su salvación, cosa difícil definitivamente, pues situado en el terreno del demonio, las luces, los placeres, la tecnología, las diversiones, los placeres y el afán de poder, imposibilita definitivamente cualquier intento de salir victorioso en la lucha contra el mal, si nos encontramos inmersos en él. El hombre de hoy necesita buscarse su propio desierto, su propio silencio, y entonces conocerá la consolación que Cristo encontró en su Padre después de las tentaciones del desierto. Así, este primer domingo de Cuaresma está marcado por ese inaudito atrevimiento del Demonio, de Satanás, del tentador o del enemigo, de acercarse a Jesús para intentar arrancarle de la confianza en su Buen Padre Dios, con una bitácora bien definida, para meterle en una balsa sin timón y sin remos. La balsa de las tentaciones: el disfrutar, el tener, y el poder. Cristo supo decir no a cada tentación y aunque no cedió a transformar las piedras en panes, luego dio de comer a multitudes hambrientas; no se echó de lo alto del templo pero no bajó tampoco de la cruz y pudo salvarnos a todos y no se arrodillo ante el poder de este mundo, pero se arrodilló ante doce hombres avergonzados para lavarles los pies.
Esto lo expresa magistralmente el Papa Benedicto XVI en su mensaje de Cuaresma refiriéndose al itinerario cuaresmal en el primer domingo: “que subraya nuestra condición de hombre en esta tierra. La batalla victoriosa contra las tentaciones, que da inicio a la misión de Jesús, es una invitación a tomar conciencia de la propia fragilidad para acoger la Gracia que libera del pecado e infunde nueva fuerza en Cristo, camino, verdad y vida. Es una llamada decidida a recordar que la fe cristiana implica, siguiendo el ejemplo de Jesús, y en unión con él, una lucha “contra los Dominadores de este mundo tenebroso”, en el cual el diablo actúa y no se cansa, tampoco hoy, de tentar al hombre que quiere acercarse al Señor: Cristo sale victorioso, para abrir también nuestro corazón a la esperanza y guiarnos a vencer las seducciones del mal”.
El Padre Alberto Ramírez Mozqueda espera sus comentarios en alberami@prodigy.net.mx

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