jueves, 17 de noviembre de 2011

"Vengan, benditos de mi Padre"



Llama la atención el tipo de necesidades humanas que se menciona: tener hambre, estar sediento, ser forastero, estar desnudo, estar enfermo, ser encarcelado; todas ellas representan los espacios que, reflejan cuándo alguien es verdaderamente justo.

Sorprende además que casi todas las necesidades las puede solucionar el hombre justo: sacia el hambre y la sed, acoge y viste; sin embargo en el caso de los enfermos se habla de preocupación, de cuidado; en el de los encarcelados, de cercanía, de hacer presencia eficaz. Hay necesidades que se deben solucionar pero, aún en las que rebasan la capacidad humana, la solidaridad efectiva no debe estar ausente.

Es de gran importancia la identificación que hace el Hijo del Hombre de sí mismo con quienes padecen estas necesidades. Él mismo se atribuye las necesidades y ante la pregunta de unos y otros confirma tajantemente esta identificación: "cuanto le hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron". Los "más pequeños" no son únicamente los buenos. Los pequeños pueden ser los más débiles y sencillos, pero también son los extraviados, los que fallan.

El olvido de los más pequeños es tan grave que quien no les dé importancia sería mejor que se muriera pues Dios no quiere que se pierdan. La ceranía o la indiferencia con estos más pequeños, es cercanía o indiferencia con Jesús.

Es posible que haya serios problemas para convencerse de esta identificación; ambos, los justos y los injustos,se sorprenden que lo que hicieron o dejaron de hacer a aquellos más pequeños haya sido el mismo Jesucristo.

El relato de la venida del Hijo del Hombre relaciona la bondad o la maldad de los servidores con la capacidad de descubrir y tratar a las personas, sobre todo a los más necesitados, como presencia real de Jesucristo. En este sentido, el servidor fiel y prudente sería también el que es capaz de comportarse con justicia.

Quien quiera ser un servidor fiable y competente debe convercerse que las demás personas, sobre todo los que más sufren, son Jesucristo. En nuestro caminar por la vida no vamos encontrando gente extraña, sino hermanos, no trabajamos con números de la estadística sino con personas; cualquier descuido en la atención y el compromiso con los más necesitados pone en riesgo nuestra fidelidad a Dios y a la vida que dura para siempre, la vida eterna.

¿Realmente vemos a Jesucristo en los más necesitados ?

Pidámosle a Dios la claridad de pensamiento necesaria para reflexionar en nuestra familia, grupos parroquiales, comunidad, sociedad ... sobre este punto fundamental en nuestra vida: la presencia real de Jesús en los más pequeños y la responsabilidad que tenemos ante cada uno de ellos.

Rogémosle que nos conceda la valentía suficiente para tomar las decisiones necesarias e ir siendo más coherentes con este mensaje.

Alabemos a Dios por que se nos ha manifestado en su Hijo Jesucristo y porque Él ha querido estar presente en los más pequeños, en los sencillos.

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