martes, 22 de noviembre de 2011

Champán o gasolina







- Trato hecho. Me llevaré el Golf, en color azul.

- Muy bien. Recuerde que este coche debe usar gasolina sin plomo y aceite super oil.

- No estoy de acuerdo. ¿Por qué debo usar esa gasolina y ese aceite?

- Bueno, eso es si usted desea obtener el mayor rendimiento de su nuevo coche. Verá cómo se alargará considerablemente la vida del motor. Y hará menos visitas a su mecánico.

- No me convence.

- Tenga en cuenta que este aceite es el propio de motores de gasolina y cualquier otro aceite no surtirá el mismo efecto.

- ¡No, no y no!

- Como usted lo vea señor.
- ¡Claro que como yo lo vea! Si a mí me gusta el champán francés, ¿quién me va a impedir que en el tanque de mi coche ponga yo champán francés?

- ¿Cham...pán...?

- Sí. Y en vez de aceite, yo le meteré mermelada de durazno, que es deliciosa. A mí siempre me ha gustado.

- No sé señor, así quizá su coche no le llevará muy lejos.

- ¡Usted se calla! Que el que ha comprado el coche soy yo. Y yo haré lo que crea más conveniente. Así que entrégueme ya las llaves, que me muero por llevarme mi Golf y estrenarlo.
...
Esta historia, con mejores palabras, fue contada hace años por un Papa: Juan Pablo I, el Papa de los treinta y tres días, el Papa de la sonrisa. Lo hizo en una de sus pocas audiencias de los miércoles ante miles de fieles. Les decía que el hombre vive su vida con plenitud sólo cuando acoge gustoso las instrucciones del Creador de la vida.



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