martes, 6 de diciembre de 2011

La plataforma de vida de Cristo


Domingo 3º Adviento 011

Este domingo tiene una riqueza encantadora. Está Juan Bautista, invitando a dejar a un lado las tinieblas para ser testigos de la luz. Luego San Pablo nos invita a la alegría profunda de la acogida al Salvador, y luego el mensaje de Cristo en Nazaret, que calcó de Isaías, el Gran Isaías. Me decido por este mensaje de Cristo que es emocionando desde cualquier punto de vista “El espíritu del Señor está sobre mí…”, comienza diciendo Jesús sencillamente. No viene solo, es el Padre el que lo ha enviado, pero viene acompañado de su Espíritu, el Espíritu que los hombres necesitan, ahora que encienden tantas luces en sus ventanas, pero que permanecen a oscuras en sus corazones, que saben encender tantos calores en sus cuerpos, pero que viven fríos en el corazón, y viene a dar su Espíritu para que quienes han hecho de sus vidas un mundo de mentira, de engaños, de falsedad y de miseria, una vida nueva de acogida, de paz y de sosiego.
“El Señor me ha ungido y me ha enviado para anunciar la buena nueva a los pobres”. Cristo está ungido, está investido, está hecho de pies a cabeza para dar la buena nueva a los pobres. Ellos fueron los meros meros en su corazón. y si nosotros queremos acogernos a Cristo, el Mesías, el Resucitado, nunca podremos pasar indiferentes, fríos y mucho menos despóticos, agresivos o injustos con los más pobres que seguirán siendo los predilectos en el Reino de Cristo y ojalá lo sean también en el cuidado y en la atención de nuestra Santa Madre Iglesia que todos nosotros formamos.
“He venido a curar a los de corazón quebrantado”. El quebranto lo hacemos los hombres, con nuestra maldad, nuestra indiferencia y nuestra injusticia, pero la curación, el bálsamo, el levantamiento es del Señor. ¿Por qué seguir haciendo más quebrantos, si podemos vivir en la justicia, proporcionando condiciones de vida digna para todos los hombres? ¿Por qué seguir engañándonos con tantos regalos cubiertos de papel pero no ponemos el corazón en cada una de las relaciones con los demás para hacer un mundo más digno donde los quebrantos sean cosa del pasado?
“He venido proclamar el perdón a los cautivos y la libertad a los prisioneros”. ¿Seguidores de Jesús o negreros que oprimen y aprisionan con su dinero, sus hostigamientos o sus injusticias? ¿Discípulos del amor redentor que viene a salvar o nuevos sátrapas que oprimen y sojuzgan a los demás? Es el momento de tu liberación, de tu pecado y de levantar las cadenas a tu mujer, y quitar los grilletes de tu marido, de acoger con una nueva visión a los hijos, a sostener la lucha que están librando tus propios padres y es el momento de levantar la injusticia y la opresión de tus empleados.
Finalmente Cristo anuncia: “He venido a pregonar el año de gracia del Señor”. Esto es lo que quizá no llegó a contemplar ni a decir el Bautista, porque su perspectiva era otra. Él amenazaba, gritaba, daba coces a diestra y siniestra. Era su papel, tenía que abrir boca y dejar a la vista de todos la figura luminosa de Cristo Jesús. Ahora ya tenemos a Cristo con nosotros, estamos entre su establo y su cruz, y en este instante de su presencia sólo nos ofrece gracia, perdón, acogida, acomodo, bendición, reconciliación. ¡Qué más nos hace falta para comenzar a vivir el nuevo año de gracia y de perdón! ¿Qué otra Navidad esperamos que la de Cristo Jesús presente hoy en su Iglesia y en su Eucaristía como pan caliente para nuestras bocas y para nuestros corazones?

No hay comentarios:

Publicar un comentario